http://www.filmaffinity.com/es/film821615.html

Capítulo II. Sobre hacer fotos en los museos.

Una de las cosas que más rabia me da de mi trabajo es tener que decirle a la gente que no se pueden hacer fotos. “¿De ninguna de las maneras, ni con flash ni sin flash?” pregunta mucha gente, y te ves obligada a poner cara de pena y decirle que no, que de ninguna de las maneras. De hecho, una señora, bastante enfadada con la prohibición me dijo que España era el único país de Europa donde no se permitían este tipo de actividades, que había estado viajando por Italia y en todos los museos se permitían hacer fotos, sin flash, y que en el Britain Museum los niños estaban tirados por el suelo. Ante esto, me vi obligada a contarle mi verdad, y es que yo también estoy totalmente en contra, pero es lo que me tocaba.

Tantas horas dando paseos por la sala hace que te plantees muchas cosas: a ver si hay una razón de peso detrás de esto, te preguntas en tu soledad mientras ves a alguien que levanta los brazos sujetando el móvil mientras lo coloca para hacer una foto que después subirá a las redes sociales. Así que no te queda más remedio que investigar y preguntar al señor Google “por qué no se pueden hacer fotos a los museos”.

Lo primero que te encuentras es que, por razones de conservación, no se puede utilizar el flash porque una exposición intensa a una iluminación inadecuada favorece el deterioro de las obras, en su mayoría pintura y fotografía. Por tanto, siguiendo la teoría de conservación que dice que es “mejor prevenir que curar”, se entiende que no se permitan hacer fotos ya que en un día normal un museo puede recibir en torno a 1500 visitantes, de los cuales a 100 se les puede disparar el flash inintencionadamente. Si esto lo multiplicamos por los seis meses que puede estar una exposición temporal por ejemplo, es mucha la iluminación inadecuada que puede recibir una obra, por no hablar de una colección permanente. Hasta aquí todo bien.

http://86400.es/2009/04/27/el-museo-del-prado-son-unos-vendidos/

Pero sigues indagando, y ya te empiezas a encontrar blogs y foros que dicen que es sólo una cuestión económica. Es decir, piensan que si a ti te encanta una obra y, si no te dejan hacer fotos, sales corriendo a la tienda a comprar un póster. Aunque todos sabemos que, si haces las foto con el móvil, la ampliación que puede salir de ahí no sería de muy buena calidad.

http://www.filmaffinity.com/es/film821615.html
Banksy, “Exit Through The Gift Shop”, 2010

También leí que si alguien veía por internet la foto de una obra de la exposición se anulaba su pulsión de querer ir. Pero seamos realistas, una persona que ve una foto del cuadro de Las Meninas y piensa que ya no necesita ir al Museo del Prado, es porque tampoco estaba  muy convencido desde el principio, ¿no? Además, el Museo del Prado, tiene unas fotografías de una excelente calidad en su página web que te permiten ver al detalle cualquier pincelada de la obra, incluso mejor que en el propio museo, ¿por qué no te dejan hacer fotos? Pensaremos que es por la teoría conservacionista.

Por otro lado, también están los derechos de autor, copyright, que en el caso de autores vivos es comprensible, pero en una iglesia románica, por ejemplo, nos deja un poco descolocados. Pero lo mejor viene cuando un edificio es una marca registrada, como es el caso de Museo Guggenheim de Bilbao, en el que la utilización de cualquier imagen del museo necesitará una autorización previa.

Digamos la verdad. A estas alturas del siglo XXI, si hacemos una foto en un museo, no es sólo porque queramos guardar un recuerdo de la obra que vimos (que también), sino porque queremos presumir ante nuestros followers de lo cultos que somos y que vamos a museos (aunque sea el primero al que vamos en nuestra vida). El postureo anteriormente conocido como “yo estuve aquí” (a estos les hacemos un favor).

https://instagram.com/p/78GawtxYtF/
https://instagram.com/alfrecosta/
https://instagram.com/p/uWSzUmNGpt/
https://instagram.com/la_trinia/

Recuerdo este verano, en la catedral de Tarazona, en la taquilla comprando las entradas (ese es otro tema a tratar: ¿por qué pagar por ver el patrimonio público?) había un cartel  que animaba a compartir tu visita en Twitter e Instagram a través de un hashtag. “¡Qué modernos!” piensas mientras desenfundas el móvil como en un duelo entre vaqueros. Sobrepasas la puerta, con los ojos como platos, dispuesta a capturar el detalle más original, que a nadie se le haya ocurrido antes, y… ¡SORPRESA! Un cartel que te indica que no se pueden hacer fotos (ni con ni sin). ¿Entonces cómo comparto mi visita en Instagram?

Una vez abierto el debate sobre si se debería levantar esa prohibición, y asumiendo que en la mayoría de los espacios museísticos esa cuestión está muy cerrada, nos encontramos con la gente. ¡Ay, la gente! Una vez lanzado el mensaje: “disculpe, no se pueden hacer fotos”, te encuentras con todo tipo de reacciones. Desde el “ay, disculpe no lo sabía porque no hay ningún cartel”, pasando por los que se descoyuntan la mandíbula abriendo la boca como si fuera la primera vez que lo oyen (que te dan ganas de preguntarles si es la primera vez que van a un museo en Madrid), terminando por los que te miran con cara de asco (sí, yo soy de esas). Pero lo mejor de todo es cuando les pillas repitiendo la acción.

Ayer mismo, una chica lo hizo. Después de haber sido avisada, media hora más tarde me la encuentro con su móvil bien colocado para hacer una buena foto frontal, aparezco yo por la espalda. El novio me ve y le avisa: “cuidado, está ahí”, le dice. Y ahí viene su reacción, muy buena por cierto. Se gira roja como un tomate y me dice antes de que yo dijera nada: “ya no me queda espacio en el móvil, así que no voy a hacer más”. ¿En serio? Que  a mí me da igual que hagas fotos, pero deja de hacer el ridículo, por favor.

¿Y los que utilizan una cámara Polaroid? Sí, también los hay.

5 comentarios en “Capítulo II. Sobre hacer fotos en los museos.

  1. En un mundo en el que las redes sociales nos arrollan con información sin dar lugar a que desarrollemos nuestro espíritu crítico, se agradece aportaciones como éstas que alimentan la curiosidad, despiertan el interés por el arte y a la vez nos permiten reirnos de situaciones que a todos nos pueden resultar famliiares… ¡Espero más entradas como ésta! 🙂

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