Capítulo V. ¿Cómo comportarse en un museo?

Visto lo visto, creo que es necesario enumerar las normas básicas de comportamiento en un museo, es decir, lo que los visitantes no deben hacer a la hora de visitar en una exposición. Y digo “visto lo visto” porque en mi trabajo se observa cómo la gente está muy perdida entre tantas normas, las cuales no se han indicado con anterioridad y además se da por hecho que son sabidas, cuando es algo que muy poca gente conoce.

  • No se pueden hacer fotos: Eso es algo que ya hemos hablado. Por cuestiones de conservación, las obras (tanto pictóricas como fotográficas) no deben recibir exceso de luz, ya que provocan que se adelante su deterioro. Y digo fotografías también porque mucha gente se sorprende de que no se puedan hacer fotos de otras fotos. ¿Nadie tiene en su casa una foto enmarcada que se ha puesto amarilla o se le ha ido yendo el color por tenerla frente a la ventana? Eso es algo que no se ve en el momento. No haces una foto con flash y de repente la foto desaparece. Pero tenemos que tener presente que las obras de arte, en general, son patrimonio de todos y queremos que perduren, sino hasta la eternidad, lo máximo posible (de ahí la conservación). ¿O no nos sentimos afortunados de poder ser espectadores de esculturas de la Antigüedad griega y romana con miles de años, por ejemplo? Y todos abogamos por la confianza en el otro, pero debemos tener presente que los olvidos existen, y un olvido tras otro provoca ese exceso de luz del que hablábamos antes.

  • No se puede comer y beber en las salas. Los restos de comida pueden atraer animales, como son los insectos. Y en general se desconoce que uno de los factores de corrosión más importante de las obras de arte son las heces de los animales, y no hablo de los excrementos de palomas en las estatuas en espacios públicos, si no de las moscas que se posan en los cuadros y descomen. Además, si en un descuido alguien que está bebiendo agua es accidentalmente golpeado por otra persona, por ejemplo, el agua derramada en el suelo puede provocar caídas (si es que antes no ha pasado por un cuadro). Y repito que ni beber ni comer, que a la gente le entra hambre ¡y se saca un plátano! A ver qué hace después con la cáscara…

  • Las mochilas deben ir hacia delante. Esto no es por la buena fe de los vigilantes de seguridad que quieren evitar robos, que también. Se debe a que, en general, desconocemos el concepto de “espacio vital” y más cuando vamos con una mochila. En una exposición tendemos a andar hacia atrás para observar lo obra en su plenitud, y es mucha gente (con mochila o sin ella) la que andando hacia atrás se choca con otro cuadro. Si además llevamos mochila, la probabilidad de ese encuentro persona-obra se incrementa considerablemente. Y seamos realistas, a todos nos molesta (por no decir otra cosa) que cuando el metro/tren/autobús va hasta arriba se meta alguien con una mochila que te la incrusta en el estómago o en la cara. No es la primera vez que se descuelga un cuadro porque se ha llevado un mochilazo o un bolsazo (porque hay señoras que a Mary Poppins la dejan corta)

  • No se pueden tocar las obras. Aunque parezca de sentido común, hay mucha gente que lo hace. Y, es que, aunque lleve cristal no se puede. Nuestras manos desprenden una grasa que, se sude o no, está ahí y es lo que mancha. No se puede ser tan egoísta de dejar tu huella ahí y que eso provoque la falta de visión para los siguientes visitantes. Se debe mantener cierta distancia de seguridad, y si no que se lo digan a este niño

  • No portar objetos innecesarios: Las maletas o los paraguas no son imprescindibles para ver una exposición, ya que pueden provocar caídas o, en nuestro intento de parecernos al hombre del tiempo, acabar señalando algo que está en la parte superior con el paraguas. Y, en este caso, cuando digo paraguas, me refiero a muletas.
  • No apoyarse en las vitrinas. En algunas exposiciones se muestran libros dentro de unas vitrinas, vitrinas realizadas explícitamente para la exposición. Bueno, pues hay gente que se tira a peso muerto sobre ellas. Oyes el crujido, te giras, y ahí los ves sujetando todo su cuerpo con los brazos, como si fueran gimnastas. Y todavía te acercas y te piden perdón por no haberse dado cuenta.
  • No sentarse en el suelo o ponerse de cuclillas. Creo que es obvio que en lugares en los que hay mucha gente sentarse en el suelo es mala idea, ya que se te puede caer alguien encima y en un museo, vuelvo a repetir, puede provocar caídas que acaben contra una obra. Pues aún hay gente que se molesta si le dices que se sienten en su silla.

Creo que, en muchas ocasiones, falta educación. Pero no me refiero al civismo, que también. Sino a la enseñanza o la cultura a la hora de tratar con obras de arte. Quizás por mi de-formación profesional tengo un concepto diferente sobre ellas, y su trato y uso debe ser cuidadoso. Como ya he dicho más arriba, son patrimonio de todos y debemos, como sociedad, vigilar por su perdurabilidad.

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