Celebrity

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Help. “I need somebody”, pensarán algunos. “No just anybody” pensarán los mismos. Help escrito en letras de humo sobre el cielo de New York. Parecía un “Help” escrito para mí. No para mí, más bien por mí.

Tras el desastre emocional que supuso mi relación son Salamandra, comencé a verlo todo en blanco y negro, pensaba con un cierto tono nostálgico que el jazz era mi música favorita, empecé a tartamudear como si, como si, no sé, como si me dieran ataques, ya sabes, miniataques epilépticos judío-cerebrales, y me costase decir, pues eso, decir dos frases seguidas de una manera, como diría mi madre, no histriónica. Decidí visitar el país de las oportunidades, de los sueños…. ¡De las celebrities!

Sí, este lavado de cara me iba a venir muy bien. Un cambio radical de vida siempre saca lo mejor de ti. Te pone a prueba, y te estimula. Como sabéis, me gusta mucho escribir, así que entre novela y novela me hice reportero del corazón. Me encantaban las fiestas de artistas. Literatos, actrices rubias multi-orgásmicas con pelucas de la Kale Borroca, múscios sordos,  y críticos que critican, muchos críticos que critican.

A la gente le decía que era crítico de arte, un verdadero art influencer, pero lo que realmente hacía era inventarme nombres. “¿Has visto  la última película de Tusuricato Tristo?” “Me encanta ese director, es tan valiente… ¡Qué bien resuelve la problemática social con los indígenas japoneses!” solía decir yo como carta de presentación. “¡Oh sí, es fantástico! ¡Me apasiona el cine independiente japonés, sobre todo el referente a la cultura indígena!” me llegaron a responder.

¿En serio? En serio. Pero yo no perdía el tiempo. Salamandra me había abierto los ojos, era el momento de disfrutar. Había muchas mujeres bellas en aquellas fiestas. Y demasiadas habitaciones bien equipadas para unas apropiadas bacanales. Sabes que existen, lo has leído en el semanal de los domingos de tantos y tantos periódicos. Parece sencillo participar en una de ellas, hay mucho alcohol, muchas drogas, y en fin, muchos artistas.

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Pero no es tan sencillo. Es como ir preguntando si vendes cristal, pero todavía más perturbador. “Hola… eh… ¿Hay alguna bacanal esta noche?”. No funciona así. Como en el mundo del artisteo, meter la cabeza solo se consigue o por casualidad o por enchufe. Me temo que me perdí todas aquellas bacanales, pero conseguí que un tipo grande, peludo y con las nalgas al aire, con el que siempre acababa todas las noches, me invitara a innumerables Long island ice tea.

Yo iba y venía, y plasmaba mis experiencias sobre el papel. Mi mente volaba, y mis dedos recitaban. El tacatacatacatactatacata que recogía todo el blablablablaba de aquellos meses de irónica soledad. En mi primera noche en NY, conocí a Lola. Me gustó. Pensé e invitarle a salir. Pero no lo hice por miedo a perderme todo aquello que tacatacatacatacata.

¡Sin embargo! (Si, la narración se dramatiza) una lluviosa noche que pensaba acompañarme a mí mismo pronto a casa, la vi. Lola estaba allí. Con su inconfundible peinado de Marla Singer. Colgada del brazo de un crítico de los que critica mucho. Me acerqué, titubeando, ingenuo de mí:

-Buenas noches Lola

-No es que sean precisamente buenas – dijo el crítico.

Debí haberlo previsto. Derrumbado, sin saber cómo reaccionar, me di media vuelta y salí de la fiesta con intención de marcharme a mi casa. Cuando ya estaba de camino a casa, desolado, bajo la lluvia, mascullando para mis adentros “No es que sean precisamente buenas dice el muy hij…”, pude escuchar la tierna voz de Lola. Me siguió. Quería conocerme. Quería que tuviéramos una relación apasionada. Quería estar con alguien como ella. Quería que pese a las pequeñas diferencias, aquello funcionase. No funcionó. Una vez más.

Fue poco duradero. Muy intenso, eso sí. Las cosas como son. Oye, pues no ha salido, pero joder, intensito un rato. La mejor forma que se le ocurrió para terminar con todo, fue coger la única copia de mi novela aún en fase de corrección, subirse a un barco, y lanzar hoja a hoja al río Hudson.

No pude evitar pensar en Salamandra. Ella no lo hubiera hecho.

Secuencia 01

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