La Alegría de amar el Arte

Hola a todos y todas, soy Alba Ortiz, Historiadora del Arte y hoy hago mi primer post para Art Influencer, al que le agradezco por ofrecerme participar en este proyecto. La escritura y el arte son dos de mis pasiones y hoy tengo la oportunidad de poder juntar ambas cosas en este maravilloso blog. Esperando que os guste, os dejo con esta  bonita historia.

LA ALEGRÍA DE AMAR EL ARTE.

Como cada año, cuando se acercaba la Navidad, Amelia se disponía a preparar todo para viajar con su madre. Era tradición que cuando se acercaba el 24 de  Diciembre ambas emprendiera camino hacia La Toscana, lugar en el  que vivía el abuelo Carlo.

Amelia era una niña de 12 años bastante curiosa, muy risueña y cariñosa. Le encantaba escuchar a su abuelo cuando le contaba historias de su vida y pintar, esta última era una afición heredada del abuelo Carlo. Durante todo el año esperaba con ansia las vacaciones de Navidad para poder viajar a Italia y ver a su abuelo, la persona que, con su madre Lucía, era la más importante de su vida. Amelia había crecido sin padre, pero nunca notó esta ausencia gracias a su abuelo. Amelia vivía en Madrid con su madre, y su abuelo Carlo en Italia, su país de origen y lugar donde conoció a la mujer de su vida, Allegra. Amelia apenas tenía 5 años cuando la abuela Allegra murió llevándose toda la felicidad. Y es que aquella mujer irradiaba alegría, como así indicaba su nombre. Así bien, Amelia apenas tenía recuerdos de su abuela, pero gracias al abuelo Carlo estos recuerdos revivían con cada historia contada.

Amelia amaba viajar a casa de su abuelo, no solo por disfrutar de él, si no también porque era una casa en la que se podía soñar. El lugar preferido de Amelia era “La Habitación de la Alegría”, nombre que ella le había puesto cuando la descubrió. Ahí estaban parte de los cuadros que su abuelo había realizado, los cuales, todos tenían algo que ver con la abuela Allegra, su eterna musa. Al entrar en aquel lugar, Amelia sentía que su abuela nunca se había ido y podía estar allí admirando aquellas pinturas horas y horas.

Cuando el avión aterrizó, el abuelo Carlo ya estaba esperando a las dos mujeres de su vida en el aeropuerto y, nada más verlo, Amelia le dio un abrazo de esos que te dan aliento y él le dijo:

Tengo una nueva historia que contarte preciosa mía.

Desde que el abuelo le dijo eso, Amelia no veía el momento en el que poder disfrutar de esa nueva historia. Cuando terminó de ayudar a mamá a deshacer las maletas, Amelia fue hasta su lugar preferido de aquella casa, “La Habitación de la Alegría”. Cada vez que entraba allí no podía contener la emoción, un nudo se le formaba en el estomago y no le dejaba respirar. Al mismo tiempo sentía tranquilidad, serenidad y por último felicidad. Amelia no tardó en darse cuenta que  algo había cambiado en aquella habitación donde el abuelo había unido las dos cosas más importantes de su vida, la mujer de la que se enamoro profundamente y el arte, que para él siempre había sido aquella luz que necesitaba, aquella cura en un mundo que a veces estaba demasiado enfermo. Acercándose al final de la habitación, Amelia descubrió que había una nueva pintura, pero ésta estaba tapada, justo en ese momento el abuelo Carlo entró por la puerta.

Veo que tu curiosidad no ha cambiado pequeña.

-¿Por qué está tapada abuelo? Dijo Amelia, señalando la pintura.

-Verás hija, esta pintura tiene que ver sobre la nueva historia que tengo que contarte.

Entonces el abuelo destapó aquel cuadro y pronto, ante los ojos abiertos de Amelia, apareció una preciosa pintura. Era, sin duda, la más bonita de todas las que allí había. En ella aparecía la abuela Allegra, con su pelo rubio casi dorado, sus ojos color miel y su eterna sonrisa. A su lado aparecía Lucía, una chica morena que miraba con admiración a su madre y agarraba de la mano con fuerza y amor a su hija. Y, por último, una niña que tenía la misma sonrisa que la más mayor de las tres mujeres de aquel cuadro, una niña que miraba con unos ojos llenos de vida y felicidad.

Esta pintura es de las últimas Navidades que pasamos los cuatro juntos, hija. Cuando tu abuela se fue me hizo prometer que siempre te hablaría de ella, de su vida, de nuestra vida juntos y que te inculcaría el amor al arte que ella y yo siempre tuvimos. Estoy convencido, como ya te he dicho otras veces, que aquello fue lo que nos unió aquel día en el que nos conocimos. Ella apenas pudo ver terminada esta pintura, ya que murió al poco tiempo de que celebráramos aquellas Navidades, pero estoy seguro de que le hubiera encantado. Aquellas Navidades fueron especiales, días después descubrí el porqué. Eran las ultimas que iba a pasar con ella, el amor de mi vida, con la persona que me había enseñado a vivir, aquella que era mi hogar. Fue entonces cuando descubrí que el arte era algo más que algo maravilloso ya que me estaba dando la oportunidad de recordar aquella Navidad para siempre.

Amelia abrazó a su abuelo y beso su mejilla por la que una lagrima se derramaba. Una lagrima que no era de tristeza, si no de alegría, aquella alegría con la que Allegra le había enseñado a vivir. Había llegado el momento más importante, el momento que hacía mucho venía esperando.

Hija, las Navidades son momentos de estar con las personas que amamos y dedicarles todo el tiempo del mundo, además también es tiempo de regalos, y yo hoy quiero hacerte el regalo más grande que nunca he hecho. Te regalo mi vida, te regalo “La Habitación de la Alegría”.

Aquellas Navidades cambiaron la vida de Amelia. Aquella niña de 12 años que se convirtió en mujer y decidió dedicar su vida a amar y al arte, dos cosas que en realidad eran una sola como así le había enseñado su abuelo Carlo, como así quiso que fuera su abuela Allegra. Quince años después de aquellas Navidades, un 25 de Diciembre,  Amelia abrió al público “La Habitación de la Alegría”, deseando llenar de ternura, de amor y de arte la vida de todos aquellos que se dejaran tocar el corazón a través de esas pinturas. Porque como decía su abuelo “En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza”.

FIN

¡¡Feliz Navidad!! 😉

 

Un comentario en “La Alegría de amar el Arte

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