La mejor terapia.

Eran las ocho de la mañana cuando Claudia puso en marcha la radio. Sonaba “Kiss me” de Sixpence None the Richer. Con el viento que entraba por la ventana y la música a todo volumen, Claudia comenzó a cantar aquella canción. Se dirigía a su consulta donde cada día intentaba ayudar a sus pacientes.

Al llegar a la consulta echó una ojeada a las citas que tenía para ese día y recordó que tenía un paciente nuevo a las 17h.

El reloj marcaba las 17:30 cuando Claudia escuchó el timbre.

-Hola soy Manuel.

-Hola Manuel, encantada soy Claudia. Creía que ya no vendrías, en la primera consulta mucha gente se echa para atrás y finalmente no viene. Pero has sido muy valiente y estás aquí, así que cuéntame Manuel ¿Qué te trae por aquí?

-La verdad es que ni yo mismo lo sé…

Entre silencios, suspiros y temblores por los nervios Manuel le confesó a Claudia que si estaba allí era porque tenía miedo al contacto humano, pero sobre todo a los besos.  Claudia había tratado todo tipo de pacientes pero nunca había tratado a nadie que tuviera miedo a una de las cosas más bonitas de la vida. Tenía un nuevo reto y era enseñarle a aquel chico que si la vida merecía la pena muchas veces era gracias al contacto con otras personas, a las caricias, los besos, los abrazos, etc.

Según pasaban los días y las consultas, Claudia y Manuel se iban conociendo mejor y pronto la psicóloga llegó al origen del problema. Manuel había tenido una infancia bastante mala y en soledad. Cuando apenas era un bebe de pocos días, había sido abandonado y desde entonces hasta que cumplió la mayoría de edad había dado tumbos por orfanatos sin encontrar nunca un sitio fijo, una familia, unos amigos o alguien que le proporcionase amor, cariño y afecto.

Tras mucho tiempo siendo tratado por Claudia, Manuel abandonó la consulta puesto que según su doctora ya estaba curado. Pasar semanas sin ver a Claudia, hizo que Manuel se diera cuenta de que se había enamorado de aquella chica como nunca antes lo había hecho. Claudia le había abierto las puertas de un mundo nuevo y le había enseñado a sentir. Al mismo tiempo Claudia echaba de menos las consultas con Manuel y entonces se dio cuenta de que sentía algo más por aquel chico, de que aquella canción que sonaba en la radio el día que conoció a Manuel no había sido una casualidad, al igual que tampoco lo había sido que aquel chico decidiera acudir a su consulta. Todo estaba escrito, pero faltaba algo. Claudia decidió seguir escribiendo aquella historia, llamar a Manuel y besarlo. En la vida hay muchos tipos de besos y algunos de ellos no se dan con los labios, Claudia y Manuel ya se habían besado con la mirada, con el alma y lo habían hecho muchas veces. Pero aquel día decidieron hacerlo de verdad y ese beso les llevo a amarse y a sentirse como nunca lo habían hecho. Ahora sí. Manuel estaba curado. Y es que Claudia le había dado algo mejor que cualquier terapia psicológica, o a caso ¿hay algo mejor que un beso?

Creo que si en algo estamos de acuerdo todos es en que no hay nada mejor. O hay alguien que no recuerde a Sara Montiel cantando aquello de Bésame, bésame mucho… Como si fuera esta noche la última vez, o la famosa fotografía del soldado y la enfermera besándose en Times Square, “El beso” de Gustav Klimt, “Psique reanimada por un beso de Eros” de Antonio Canova, aquella mítica película, llamada “My Girl”, con la que todos sentimos la magia del primer beso, aquellos dos amantes por las calles de París besándose en la fotografía de Robert Doisneau, aquel momento en el que Rouse le aseguraba a Jack que podía volar y ambos se fundían en un beso en la proa del barco más famoso de la historia, la tierna y dulce despedida de una inocente niña y su amigo en E.T dirigida por Steven Spielberg, aquel famoso plato de espaguetis que unió a los protagonistas de la “Dama y el Vagabundo” en un tierno beso, aquel apasionado beso entre los protagonistas de Brokeback Mountain, una de las primeras películas que abarcó el tema de la homosexualidad, aquella famosa fotografía de Yoko Ono y John Lennon en la que la fotógrafa Annie Leibovitz capturaba un tierno beso en la mejilla, aquella pintura, “Los amantes”,  de René Magritte donde aparecen dos personas con el rostro cubierto y fundiéndose en un beso o la famosa escultura de Auguste Rodin llamada”El beso”.

Una vez leí un estudio que afirmaba que un beso es capaz de parar el tiempo ya que rejuvenece la piel, quema calorías, mejora la autoestima, cura depresiones, tristezas e incluso ayuda a fortalecernos y enfermar menos.

Apasionado, tímido, de mariposa, de esquimal, en la mejilla, robado o con premeditación y alevosía… No importa cómo sea el beso, lo importante es que beses. Así que no se me ocurre mejor forma de celebrar un 13 de abril que besando. Tú el que está leyendo esto ¡BESA!

“Quizás por eso un beso sea tan importante, porque después de darlo está dicho todo”.

 

 

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