PHE16: Vivian Maier, Street Photographer

¿Quién no conoce a Vivian Maier, esa fotógrafa conocida mundialmente gracias a las redes sociales? A grandes rasgos se pude definir como la niñera estadounidense que se hacía autorretratos (A.K.A selfies). Pero sí, eso es a grandes rasgos, ya que su historia es mucho más enigmática e interesante que esos dos detalles.

Vivian Maier, Self-Portrait, 1955
Vivian Maier, Self-Portrait, 1955

Llegó a nosotros gracias a John Maloof, un estudiante que escribía un libro sobre la historia del lado noroeste de la ciudad de Chicago titulado Portage Park, para promover su encanto que a menudo era pasado por alto. Necesitaba unas 220 fotos en alta calidad sobre la vendimia de la vecindad. Para ello visitó una casa de subastas local, y allí se topó con una caja llena de negativos con fotografías del Chicago de los años sesenta. Como sólo pudo echar un vistazo, la compró por 400$ y así poder profundizar en ella más adelante. Al no encontrar nada relevante las guardó en un armario hasta que terminó el libro.

Una caja con fotgrafías de toda la vida de Vivian Maier
Una caja con fotografías de toda la vida de Vivian Maier

El 21 de abril de 2009 la volvió a abrir y empezó a investigar sobre la autoría de las imágenes. Lo que en un principio le llamó la atención era su naturaleza histórica. Por eso empezó a revelar las fotografías y creó un blog con cien fotografías para venderlas por internet con una respuesta abrumadora, hasta que el artista Allan Sekula se puso en contacto con él para que dejara de dispersar la obra. Al darse cuenta de la importancia de estas fotografías empezó un minucioso trabajo de investigación, recuperación y protección del archivo.  Gracias a la familia Gensburg, con quien Maier había trabajado diecisiete años, John Maloof consiguió recuperar dos grandes cajones que iban a tirar a la basura con 10.000 negativos y 20.000 o 30.000 negativos, los que correspondían a los años 60 y 70, sin revelar, y los que ella ya había revelado estaban colocados en tiras con la fecha y la localización escritas en francés. Un año después, Maloof, ya había conseguido recuperar el 90% del trabajo ya que se puso en contacto con el resto de los compradores de la subasta, y así el archivo ascendió a 12.000 negativos, 3.000 impresiones, cientos de carretes sin revelar, cintas de audio, películas caseras y otros elementos. Gracias a todo esto consiguió suficiente información para poder investigar a Vivian Maier.

 

En palabras de Maloof, Maier “era socialista, feminista, critica de cine y campechana. Aprendió inglés yendo al teatro porque le encantaba”.

Vivian Maier nació el 1 de febrero de 1926 en Nueva York, aunque pasó la mayor parte de su juventud en Francia. Por eso encajaba en la sensibilidad europea y en el estereotipo de una mujer liberada e independiente. Llevaba un sombrero grande, abrigo de lana, pantalones y zapatos de hombre y andaba con grandes zancadas. Siempre llevaba una cámara de fotos colgada del cuello cada vez que salía de casa, pero nunca enseñó sus fotos.

Vivia Maier, Autorretrato, 5 de mayo de 1955
Vivia Maier, Autorretrato, 5 de mayo de 1955

Nació en el seno de una familia inmigrante, de madre francesa y padre astrohúngaro. Cuando Vivian tenía cuatro años su padre les abandonó, y su familia se trasladó al Bronx, a casa de Jeanne Bertrand, una amiga de su madre y fotógrafa.

Jeanne Bertrand examinando los negativos de Vivian Maier en 1954
Jeanne Bertrand examinando los negativos de Vivian Maier en 1954

Jeanne Bertrand (26 de septiembre de 1880 – 28 de octubre de 1957) fue una escultora y fotógrafa francesa. Su familia emigró a Nueva York en 1893 y se trasladó a Torrington (Connecticut). Trabajó, en un régimen de casi esclavitud, en una fábrica de agujas. En 1905 apareció en la portada del Boston Goble como una de las fotógrafas más importantes de Connecticut, gracias a su fotografía de retrato. Evidentemente fue una gran influencia para Maier.

Kodak Brownie de Vivian Maier
Vivian Maier, Self-Portrait, 1955

Vivian Maier empezó a hacer fotografías en 1948 con una Kodak Brownie de su madre, hasta que se compró su Rolleiflex, que le permitía un ángulo distinto, ya que sus imágenes eran planas y tomadas desde abajo, ya que el visor lo tiene en la parte superior de la cámara.

Algunas de las cámaras de Vivian Maier
Algunas de las cámaras de Vivian Maier

Desde el principio se interesó por los barrios más pobres de las ciudades, y poco a poco fue contando la cotidianidad de esas zonas gracias a sus habitantes. Trabajó en una tienda de ropa, pero entre 1952 y 1956 acabó siendo niñera en Nueva York: un trabajo que implicaba mucho tiempo al aire libre. En 1956 se traslada a la costa norte de Chicago para trabajar de niñera de tres niños, que se acabaron convirtiendo en su familia, ya que los niños le trataban como si fuera su madre. Maier, a quien a menudo llamaba Mary Poppins¸ tenía habitación propia con cuarto oscuro, donde revelaba sus fotografías. Cuando dejó la familia en los años 70 dejó de procesar sus propias fotografías, y como iba de casa en casa empezó a almacenar un gran número de carretes sin revelar.

Baño de Vivian Maier utilizado como cuarto oscuro
Baño de Vivian Maier utilizado como cuarto oscuro

Las fotografías de la niñera muestran una gran afinidad con los pobres, con admiración por aquellos que luchas por salir adelante.

La exposición “Vivian Maier, Street Photographer” consta de 120 fotografías y 9 películas en Super8, dividida en seis bloques: infancia, retratos, formalismo, escenas de la calle, autorretratos y fotografía en color. El acto de fotografiar era la manera que tenía de relacionarse con la gente, el testimonio de su curiosidad por lo cotidiano y los rasgos de las personas que llamaban su atención, ya que algunas fotografías estaban tomadas a escondidas, y otras son la consecuencia de un encuentro real.  Fijaba su mirada con una poética infantil, influida por su profesión. De hecho, la infancia es un tema recurrente en su obra, retratando el vínculo que existía entre los niños y los adultos.

También marca diferentes distancias según pertenezcan a clases populares, a quien trata con respeto y empatía, o las élites, con quien se chocaba (literalmente) para fotografiar sus reacciones al entrometerse en su esfera privada.

Nunca tuvo un terreno determinado para sus fotografías, pero se centró especialmente en los barrios populares de Nueva York y Chicago. No participaba en las escenas que fotografiaba, se fijaba en los pequeños detalles como las anécdotas, los gestos, las actividades, etc. “Soy una especie de espía”, decía. Fotografiaba lo que veía, para arrancarlo de su contexto.

Su faceta más reconocible son sus autorretratos, insistentes en su obra, por la necesidad de alguien que quiere saber quién es. En una de las grabaciones de voz que se encontraron decía: “Mis autorretratos son mi manera de saber quién soy y buscar mi lugar en el mundo”. En ellos rehuye de la confrontación desviando la mirada, que se suele ver interrumpida por un reflejo, un quiebro o una sombra, por ejemplo. En su afán de fotografiarse a sí misma, retrata apersonas reflejándose en algún elemento de la composición.

 

A partir de 1965 cambió a la fotografía a color, ya que empieza a trabajar con una Leica. Su mirada cambia, ya que el visor de la cámara se encuentra encima del objetivo, y las imágenes pasan a ser más frontales. Se divierte con la realidad: subraya los detalles chillones, destaca los rasgos horteras de la moda y juega con contrapuntos tornasolados. Poco a poco las personas pasan a ser reemplazadas por objetos encontrados, periódicos o graffitis. También por objetos encontrados en los cubos de basura.

 

En general, sus fotografías responden a un encuadre frontal, completo y con un gran sentido de la composición. Genera equilibrio con las tensiones entre los grandes ejes del encuadre, con la disposición de las líneas, formas y volúmenes y los elementos de las escenas urbanas.

Sus imágenes recuerdan a las escenas de calle espontaneas de Henri Cartier- bresson, a los retratos de Lisette Model y a las composiciones de Andre Kertesz. Pero si sus fotografías evocan a algún fotógrafo concreto es, el también francés, Robert Doisneau: mirada infantil, irónica y divertida, que se fija en los niños. Tampoco debemos olvidarnos de Diane Arbus.

Todos los que la conocían la describen como excéntrica, fuerte, obstinada, intelectual e intensamente privada. Nunca se casó, ni tuvo hijos, ni amigos cercanos.

Acabó envejeciendo en Chicago, en un apartamento pagado por los chicos a los que cuidó. Los vecinos de la zona le llamaban “la señora francesa”, y la recuerdan hurgando en la basura, y “muy escueta, pero divertida”.

En 2008 se cayó al suelo golpeándose en la cabeza con una placa de hielo. Así, su salud empezó a empeorar y se tuvo que marchar a una residencia de ancianos. El 21 de abril de 2009 falleció a los 83 años.

Esta exposición resulta muy reveladora, pero sobre todo inspiradora, saliendo de allí con ganas de imitar todas y cada una de las fotos que allí se ve. Pero surge una duda: ¿en la actualidad se podrían hacer estas fotos y vídeos? Me temo que no. Ya no se pueden hacer fotografías a los policías, y no quiero saber qué pasaría si te atreves a hacer una foto a un niño que no conoces. Efectivamente estas imágenes son históricas, y las razones son múltiples.

 

 

 

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