Camión y letrero, Walker Evans, 1930

El sublime Walker Evans

 

“Mira fijamente, curiosea, escucha a escondidas. Muere sabiendo algo. No estarás aquí por mucho tiempo”

Walker Evans

 

El fotógrafo estadounidense Walker Evans, nació en 3 de noviembre de 1903. Sus imágenes se reconocen por mostrar las tradiciones del “hombre común”.

Pertenecía a la clase media americana; su padre era empleado en una agencia publicitaria. A Evans le encantaba la literatura, y su intención era ser escritor, iniciando sus estudios en el Williams College y, posteriormente, en 1926, en la universidad parisina de La Sorbona, cambio que modificó para siempre su vida. En esta ciudad europea recibió influencia de las vanguardias artísticas, sobre todo del modernismo.

En 1930 se inició en la fotografía con una serie de imágenes de arquitectura victoriana y un reportaje sobre las agitaciones en la Cuba de 1933, que se relacionan con los picados y contrapicados de los fotógrafos vanguardistas Laszló Moholy- Nagy y Alexander Rodchenko.

 

A Evans se le conoce como el padre de la fotografía documental americana, ya de niño coleccionaba las fotografías de sus familiares y amigos hechas con una cámara Kodak.

El Departamento de Interior de Estados Unidos, en 1935, le ofrece fotografiar una comunidad de reasentamiento construido por el propio gobierno para los mineros desempleados de Virginia Occidental. De esta manera pasó a ser un “especialista de información” en la Administración de Reasentamiento, que posteriormente pasó a llamarse Farm Security Administration (FSA), un programa impulsado por el presidente Roosvelt para estabilizar la economía de la nación. Su trabajo estuvo relacionado con la crisis económico del 29, fotografiando a agricultores del sur del país. Estas imágenes se convirtieron en verdaderos iconos de la fotografía, junto a las de su compañera Dorothea Lange. Abandonó la FSA en 1938.

Constituido ya como uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX, en 1938 el Museum of Modern Art de Nueva York abrió su espacio American Photographs, que dedicó una retrospectiva de la primera década de fotografía de Walker Evans. En 1940 recibe una beca de la Fundación John Simon Guggenheim. En 1945 se incorpora a la revista LIFE y en 1965 a la revista Fortune, a la vez que ejerce como profesor de fotografía en la escuela de arte de Yale.

En 1966 se publicaron las fotografías de una serie que realizó desde 1938 a 1941 de retratos de viajeros en el metro de Nueva York, con una cámara escondida en el abrigo sin controlar el encuadre, captura a las personas de una forma natural, despojados del enfrentamiento con el objetivo.

Las imágenes de Evans resaltan la necesidad de revelar la esencia de la vida americana de lo simple y lo ordinario.

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