Siempre nos quedará París.

Mi sueño siempre fue viajar a París, hace aproximadamente un mes, el 7 de Octubre cumplí por fin aquel sueño y por eso hoy os vengo a hablar de esta maravillosa ciudad.

Viajar a la aventura y sin planificación es una bonita forma de conocer el mundo pero si solo dispones de pocos días es aconsejable llevar todo planeado desde casa y así fue como lo hicimos.

Disponíamos de tres días completos para disfrutar de la ciudad del amor, así que planificamos nuestro itinerario por la ciudad ajustándonos al tiempo que teníamos. Nos centramos en ver lo principal disfrutando de ello, aunque tuviésemos que dejar muchas cosas por el camino pero creo que es mejor disfrutar del viaje, de la ciudad y de lo que se está viendo a ir deprisa y corriendo por ver cuánto más mejor.

Así bien, ¿Cómo disfrutar de París en 3 días?

Lo primero que hicimos fue reservar nuestro viaje con dos meses de antelación mediante una página fabulosa que os recomiendo por la cantidad de buenas ofertas que tiene. Esta página es Voyage Privé. Nuestra oferta era bastante buena y por ello no nos esperábamos gran cosa en nuestro alojamiento, pero nos equivocábamos ya que nos instalamos en un hotel maravilloso, que desde aquí os lo recomiendo por todas las buenas cualidades que tiene. Dicho hotel fue Hôtel Trinité Haussmann, situado cerca de Montmartre.

Para ganar tiempo os recomiendo llevar maletas pequeñas para evitar facturación y tiempos de espera en el aeropuerto. Nuestro avión aterrizaba en el Aeropuerto de Beauvais Tillé, que estaba a dos horas de nuestro hotel (en algún momento se tenía que notar la oferta) con lo que empezamos a recorrer París sobre las 14h del primer día.

Nuestra primera parada fue Le mur des je t´aime (El muro de los te quiero) que, realizado por Frédéric Baron, es un espacio donde se encuentra escrito Te quiero, en todos los idiomas y es una parada obligatoria. Continuamos nuestro recorrido por Montmartre pasando por el barrio de los pintores hasta llegar a la Basilique du Sacré-Coeur (Basílica del Sagrado Corazón) desde donde se disfrutan de unas vistas maravillosas. Tras estas primeras paradas decidimos perdernos por las calles y el metro de París, llegando a la Iglesia de la Madeleine y a la Plaza de la Concordia donde contemplamos el obelisco de Lúxor. Y con la sintonía de La vie en rose acabamos con nuestro primer día en París viendo el Moulin Rouge.

Amanecía en París, un 8 de Octubre cuando estábamos despertando para disfrutar de nuestro segundo día. Pasamos la mañana de aquel sábado, recorriendo el Museo del Louvre y disfrutando de lo maravilloso que es el arte. La sobremesa aquel día tuvo lugar paseando por el Jardín de las Tullerías y así desde el Arco del Carrusel y recorriendo la avenida de los Campos Elíseos pusimos camino hasta llegar al Arco del Triunfo.

Creedme si os digo que desde allí arriba y contemplando toda la ciudad de París, te crees capaz de volar y el cuerpo te pide más y entonces allí a lo lejos esta ella y tú estás deseando que ese momento se haga eterno.

Así bien, continuamos poniendo camino hasta encontrarnos de cerca con ella, con la Torre Eiffel y una vez analizada y vista desde todos los ángulos, vimos como anochecía desde El Trocadero disfrutando de las luces que envolvían el cuerpo de aquella famosa estructura de hierro. Aquel 8 de Octubre terminó con un crucero por el Sena.

Al día siguiente comenzamos nuestra andadura por París con la Catedral de Notre Dame, desde donde pudimos disfrutar de nuevo de unas vistas maravillosas, de una esplendida arquitectura gótica y desde donde recordamos cómo las gárgolas cuidaban y querían a Quasimodo. Continuamos visitando la maravillosa Sainte Chapelle, donde la luz reina más que en ninguna otra parte. La comida de aquel día fue un tanto especial, y es que sentada en aquella mesa del Café Les Deux Molins sentía que en cualquier momento podía aparecer Amelie Poulain. La tarde la dedicamos a los Jardines de Luxemburgo para acabar paseando por el Barrio Latino y disfrutando allí del Panteón, entre otras cosas.

Fueron tres días intensos en los que descubrí una maravillosa ciudad que te envuelve mientras paseas por sus calles. Me quedo con su arte, con su aire, con su belleza, con sus ganas de más, con su música, con el acordeón que hacía sonar La vie en rose, con su gente, con su amor, con sus colores, con sus crepes, con su olor, con su magia y tengo pendiente una cita con Versalles, con La Ópera Garnier, con el Museo D´Orsay, con el Pompidou, con Las Catacumbas, con Disneyland París y con un largo etcétera.

La magia de París me ayudó a descubrir por qué le llaman la Ciudad del Amor.

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