LA REUBICACIÓN DE ABU SIMBEL

Se cumplen 45 años de la inauguración de la segunda presa de Asuán, la cual fue construida ocho kilómetros río arriba porque la primera, iniciada por los británicos en 1902, terminó por desbordarse.

Dicha obra implicaba de lleno a los archiconocidos templos de Ramsés II y Hathor, situados en Nubia, al sur de Egipto. Ponía en riesgo su estructura y corrían el peligro de quedar sepultados bajo el agua, por lo que se decidió hacer algo al respecto.

Tras algunas propuestas que no fueron llevadas a cabo, el proyecto de la UNESCO fue el que prevaleció. Reunió a un ingente equipo de arqueólogos, ingenieros y técnicos de operaciones de cargamento pesado para comenzar con la reubicación de los dos icónicos templos. Todo ello tuvo lugar en el año 1964, y por aquel entonces tuvo un coste de 40 millones de dólares. La operación consistía en mover cada bloque de piedra de los dos hipogeos, de unos 20 a 30 toneladas de peso cada uno. Una vez desmantelada toda la estructura, fueron recolocados a 200 metros más lejos del río y 65 metros más de altura. Sin lugar a dudas, este ejercicio se conforma como una de las obras de ingeniería arqueológica más grandes de la historia. Resultó todo un éxito y, hoy en día, es uno de los espacios más visitados del país.

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Maqueta que muestra el desplazamiento de Abu Simbel. Arriba estaría el emplazamiento actual, mientras que la mitad inferior era la ubicación anterior.

El Templo de Ramsés II y Hathor

Los templos que conforman Abu Simbel fueron construidos con la intención de mostrar la grandeza y el poder del reinado del faraón Ramsés II y su esposa Nefertari. Asímismo, conmemoran la victoria del monarca frente a sus enemigos por aquel entonces, los hititas, en la denominada como Batalla de Kadesh.

El Gran Templo, de Ramsés II, fue construido alrededor del 1264 a.C. A pesar de que el faraón aparezca divinizado, está dedicado a los dioses Amón, Ra-Horajti y Ptah. Su imponente fachada presenta cuatro colosos entronizados encabezados por un friso con 22 babuinos. A los pies de los colosos, que representan al faraón, se sitúan su esposa Nefertari, su madre Tuya y sus ocho hijos, dos varones y seis mujeres. En su interior destacan la gran Sala Hipóstila y un vestíbulo a modo de santuario con cuatro estatuas talladas en la roca de Ptah, Amón, Ramsés II y Ra-Horatki.

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sala

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El Templo de Hathor, aunque se suele dejar en un segundo plano, normalmente por sus pequeñas dimensiones si lo comparamos con el anterior, no merece tal desprestigio. Fue erigido casi paralelamente al de Ramsés, y fue consagrado a la diosa Hathor pero dedicado en exclusiva a Nefertari. Era tal el amor que el faraón profesaba por ella que hoy en día lo podemos ver en la inscripción que da la bienvenida al templo:

Una obra perteneciente por toda la eternidad a la Gran Esposa Real Nefertari-Merienmut, por la que brilla el Sol

En cuanto a la fachada y estructura de la edificación, seis estatuas de 10 metros cada una se sitúan en hornacinas. Representan a Ramsés y Nefertari, con el pie adelantado a la manera egipcia. El interior se asemeja al del Gran Templo, solo que aquí todas las inscripciones en adoración a los dioses están dedicadas a divinidades femeninas tales como Hathor, Mut, Isis, Anukis y Urethekau.

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nocturno-hathor

Bendita sea la UNESCO y el equipo de profesionales que salvaron de la tragedia a estas maravillas. Debemos cuidar de todo nuestro patrimonio, de todo lo maravilloso que puede llegar a hacer el ser humano, aunque mucho nos cueste creerlo.

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