Alberto Giacometti. La humanización del espacio

“En un primer y ligero vistazo, el retrato permanece inmóvil, silencioso, casi confundido con la pared del fondo. No es fácil detener la mirada en el lienzo que lo contiene. La tierra batida del estudio, los papeles dispersos por el azar en exquisita disposición, las sombras proyectadas por las numerosas vasijas, bustos y enseres propios de aquel que vive para encontrar la esencia de los pequeños momentos, dibujan un panorama distinto, vacío de emociones banales, austero, limpio de superficialidad,[…], auténtico. Mientras el gris lo invade todo en una infinita variedad de tonos, la distorsión y la deformación del rostro se hacen más evidentes. Cuando me aproximo a él, sorteando moldes de yeso y bronces de formas estilizadas hasta lo imposible, la propia impenetrabilidad de la obra se hace más patente, dejando un silencio estremecedor, tan solo quebrado por mis torpes pisadas. Su mirada, penetrante, comienza su diálogo con el espectador, y lentamente describe  al artista que hay detrás del lienzo”

Giacometti intenta reafirmar lo que ve porque la naturaleza es escurridiza  y se escapa de quien intenta atraparla o porque no se lo cree. La movilidad está ocasionada por el cruce de trazos de pincel, y la estabilidad y fijeza se produce por la disposición del modelo y por la articulación del espacio, buscando el continuo equilibrio de las formas. Esto recuerda al hieratismo del arte primitivo, el arte etrusco, el arte cicládico. La constante superposición de elementos sistematizados, aluden a un control muy minucioso sobre la propia obra. La continua fragmentación y disertación sobre la naturaleza enfatiza el carácter dubitativo de su creador, que cuestiona constantemente, como buen existencialista,  sobre la propia condición del ser.

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El objeto invisible es una obra que dispone de todo el poder del tótem antiguo, pero con una factura propia de las vanguardias surrealistas. El misterio prevalece en toda la construcción, desde la especie de silla-marco que lo sustenta, pasando por el rectángulo que se sostiene desde las rodillas al empeine y llegando a unas manos que no contienen nada y un rostro de apariencia, podría decirse, extraterrestre. Pese a la influencia de las culturas primitivas, la estética final de la escultura plantea un diálogo relacionado con la existencia del hombre moderno en la cultura occidental y su necesidad de poseer cosas que en cierto modo no significan nada, dentro de un marco de vida esencial y austera como la practicada por el autor de la obra.

Diego 1959 by Alberto Giacometti 1901-1966

Los retratos parecen tener todos un mismo origen, el estudio de Diego, hermano del artista. Los dibujos son caligrafías inventadas a raíz del estudio profundo del modelo, que se superponen en un constante deseo de atrapar la singularidad del rostro, centrando la máxima atención en los ojos donde se concentra toda la intensidad debido a la yuxtaposición de líneas que proporcionan un marcado misterio y profundidad. Los rotundos trazos dejan al descubierto los errores del proceso lo que hace más asequible al espectador el entendimiento de la ejecución  y la labor del artista.

Agotado tras haber visionado una gran cantidad de dibujos con poca luz, me froto los ojos y miro a mi izquierda. ¡La visión es espectral!…, vuelvo a frotarme los ojos incrédulo al observar que un número, que supera la docena, de figuras anoréxicas de distintas alturas me miran fijamente en un silencio estremecedor. No doy crédito a la imagen, más bien parece un sueño surrealista…, y para constatar que sigo despierto me pellizco la mejilla. El suave dolor me devuelve a la realidad situándome, de nuevo, en un estado de contemplación puro, exento de las banalidades a las que estamos acostumbrados en la cultura contemporánea,[…], observando la obra con humildad y buscando los recónditos secretos que el autor ha querido ocultar tras esas efigies que parecen escrutar al espectador con un talante introspectivo”

Three Men Walking

La verdad se esconde tras estos rostros de seres inmutables, que en un ordenamiento vertical infinito parecen mantenerse sobre una estructura multiforme de irregularidad continuada. La materia escultórica utilizada parece descomponerse y volverse a organizar en pequeñas y escurridizas piezas que, unidas mediante la huella del artista, articulan individuos esqueléticos y demacrados con características comunes como son la posición vertical y rigidez o el gran tamaño de los pies cuyo cometido, quizá, sea más funcional que estético ya que sirve de soporte para toda la escultura.

 

En a obra de Giacometti, se pueden distinguir tres etapas diferenciadas que se corresponden también con distintos momentos vitales.

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La primera es una tendencia clara hacia un cubismo de marcado poder volumétrico. Con referencias a artistas como Brancusi, Lipchitz o Picasso todas desarrolladas principalmente en el medio escultórico.

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La siguiente es de corte surrealista. Hay una evidente predilección por formas incomprensibles, ocultas, no obstante, nunca se sentirá completamente asociado a esta corriente, que es demasiado superficial para los propósitos de una persona que busca una filosofía más profunda para su producción artística.

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Y la última y más autentica línea de creación artística que desarrolla Giacometti podría definirse como como una suerte de expresionismo minimalista, entendiéndose expresionismo por la manera de ejecutar la obra que deriva hacia una apariencia dramática y de crisis sobre su percepción del mundo y minimalista por la esencialidad en su iconografía y en la representación que hace de los sujetos que toma como modelos.

En su obra está  patente el continuo intento de representar lo irrepresentable, de ansiar aprehender el alma de los objetos y las personas en su enigma cotidiano.Se percibe que la deformación en sus retratos no responde a un interés por las figuras imaginarias, sino por esa incapacidad humana de alcanzar al Otro, de llegar hasta las entrañas del individuo que le sirve como modelo.

El vacío, el silencio, y sobretodo la soledad, definen el trabajo de Giacometti y como ningún otro, ha sabido plasmar la síntesis del hombre moderno, el vacío esencial de la vida contemporánea. También ha dispuesto un espejo en el que mirarnos para que aceptemos de una vez por todas la incapacidad del ser humano para encontrarse con el Otro, nuestra dificultad de entendimiento sobre la naturaleza que nos circunda y lo difícil que supone aceptar las limitaciones de nuestra existencia caduca.

 

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