Un trocito de cielo en el infierno.

El 1 de Noviembre de 2005, La Asamblea General de las Naciones Unidas, elige el 27 de Enero como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Por ello hoy os traigo este relato, con el que intentamos rendir homenaje a todas aquellas victimas que sufrieron aquella barbaridad, pero no solo a las víctimas de aquel tiempo, también a las de hoy. Comparar las víctimas del Holocausto con las víctimas de las actuales guerras, con los refugiados de Siria que están muriendo y sufriendo unas terribles condiciones, me parece una asimilación bastante acertada. Y es que en ambos casos murió y muere gente inocente, solo porque las personas que tienen el poder así lo han decidido.


Un trocito de cielo en el infierno.

Amanecía un 3 de Julio de 1944 cuando Ruth Jazac, una chica de 18 años fue llevada hasta un tren que días más tarde la dejaría a ella y a su familia en Auschwitz.

Al llegar allí, sin saber dónde estaban y lo que estaba ocurriendo, fueron sacados de aquel tren, sin ningún tipo de delicadeza. Muchos se caían, pero nadie les ayudaba y entonces separaron a las mujeres y a los niños de los hombres.

Ruth contemplaba con miedo la escena que tenía ante sus ojos, los llantos no paraban.

Dentro del grupo de las mujeres y una vez separada de sus tres hermanos, de su padre y de su abuelo,  Ruth fue separada de su madre, sin saber que ya nunca más volvería a ver a su familia. Ella fue destinada al grupo de los que parecían jóvenes y fuertes para trabajar, su madre, su padre y su abuelo fueron destinados directamente a las cámaras de gas, donde morirían, y a sus tres hermanos, de 20, 22 y 24 años no los volvió a ver más.

Sus ojos contemplaban con miedo los rostros de las personas y todos parecían asustados menos aquellos hombres que les empujaban y les golpeaban para que caminaran, fue entonces cuando Ruth cayó al suelo y uno de aquellos hombres le ayudó a levantarse. Ambos se miraron y por primera y única vez Ruth vio una mirada humana en uno de aquellos soldados nazis.

Emil era un soldado nazi, de 18 años que acaba de llegar a Auschwitz y que horrorizado por lo que allí pasaba, estaba en la obligación de servir como militar a su país. El 6 de Julio de 1944, llegaba a Auschwitz un nuevo tren y Emil se dirigió junto con otros soldados nazis a “recibir” a los judíos que llegaban. Emil siempre intentaba quedarse en la sombra, porque no soportaba ver el dolor de aquellas personas y la injusticia que se llevaba a cabo con ellas solo por ser de una raza e ideología diferente. Mientras que uno de sus compañeros le ordenaba que empuñara una vara para dirigir a las personas que se estaban bajando de aquel tren, Emil miraba los rostros de aquella gente inocente y entonces entre todas esas personas apareció ella. Una joven bellísima y con la mirada más profunda que jamás había visto. No pudo dejar de observarla  y entre tanta gente, llantos, golpes y gritos la siguió con la mirada hasta que conduciendo al grupo en el que ella se encontraba, ésta cayó al suelo. El joven ayudó aquella muchacha a levantarse, ambos se miraron y así fue como Ruth y Emil se conocieron.

Ruth y sus compañeras fueron obligadas a desvestirse, las raparon el pelo, les quitaron todo lo que llevaban, les pusieron un vestido a rayas y les juntaron con otras mujeres que ya estaban allí. Rápidamente Ruth se acercó a una de ellas y con voz asustada le dijo:

  • ¿Cuándo podremos ver a nuestras familias?
  • No seas estúpida, no los volverás a ver ¿no sabes dónde estás? Esto es Auschwitz. ¿Has visto esas chimeneas? Dijo señalando las grandes chimeneas por las que no cesaba de salir humo. Pues allí es donde están quemando a vuestras familias y donde, si no obedecemos o no servimos para trabajar, nos quemaran a nosotras también.

Entonces sin poder creerlo, paralizada por el miedo y rota de dolor Ruth solo deseaba desaparecer de allí.

Los días siguientes en Auschwitz fueron un auténtico horror, destrozada por el cansancio del trabajo, sin apenas comer y acordándose a cada segundo de su familia, Ruth entendió que había comenzado a vivir en el infierno y que tenía que hacer lo posible por sobrevivir para en un futuro poder contar lo que allí sucedía y así asegurarse de que nunca jamás volvería a pasar algo igual.

Fue unas semanas después de la llegada de Ruth a Auschwitz, cuando ella y Emil se volvieron a ver.

Ruth estaba trabajando cuando uno de los generales llegó y gritándola al oído se la llevo. Asustada, sin saber que pasaba y sin entender nada de lo que aquel hombre le decía, fue arrastrada hasta ser encerrada en una habitación donde fue violada y golpeada. Cuando consiguió abrir los ojos, tras sufrir un desmayo por los golpes y el forcejeo, apareció Emil. Al mirarle supo que era el soldado que le había ayudado a levantarse tras su caída cuando llegó a Auschwitz. Se acercó para ayudarla pero, ella muerta de miedo le rehuía.

  • Tranquila, déjame ayudarte, yo no te voy hacer daño. Le dijo Emil, mientras que la llevaba a la enfermería.

Allí, mientras le curaba las heridas e intentaba tranquilizarla, Emil le contó que estaba allí por obligación y amenazas de su padre que era un gran general nazi. Que le horrorizaba todo lo que estaba pasando y que desearía no ser partícipe de todo aquello. Tras conseguir calmar a Ruth, ambos conversaron durante rato y le prometió que haría lo posible por protegerla y por rebajar el sufrimiento al que estaba expuesta. A partir de entonces ambos comenzaron a tener encuentros secretos a diario. El rato que estaban juntos era la manera que tenían ambos de olvidarse de aquel infierno, en el que estaban viviendo. Y así fue como Emil, un soldado nazi, y Ruth, una mujer judía, se enamoraron.

Pasaron dos meses y Ruth descubrió que aquella noche en la que había sido violada, había quedado embarazada. Asustada le contó a Emil lo que pasaba y él le ayudó a ocultarlo. Pero un embarazo era algo que no se podía esconder durante mucho tiempo. Así que un día, mientras Ruth trabajaba, una general nazi la observaba y se percató de lo que estaba ocurriendo y rápidamente la envío a la enfermería. Allí descubrieron el embarazo y Ruth fue obligada a abortar, mediante unos métodos poco ortodoxos y por los cuales Ruth murió.

Al enterarse de lo ocurrido y pese a que él había conseguido no realizar ninguno de los actos crueles que sus compañeros si habían hecho. Emil murió, suicidándose. No pudo soportar todas las injusticias y maldades que presenciaba, pero sobre todo no pudo soportar ver morir a Ruth, una mujer que llegó a Auschwitz para morir dejando atrás sus sueños.

Como el 90% de las personas que llegaron a Auschwitz, Ruth no tuvo un final feliz, por lo que esta triste historia tampoco podría tenerlo.

FIN

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s