Lo incómodo de ver de Diane Arbus

Encontrar información sobre esta fotógrafa es muy complicado, la mayoría solo a alude a la parte “bonita” y socialmente aceptada de su vida. Pero Diane Arbus, la fotógrafa de los freaks, no pudo tener una vida fácil.

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Sí, nació el 14 de marzo de 1923 en el seno de una familia judía  adinerada en Nueva York, pero era una niña mimada y caprichosa, que la falta de cariño durante su infancia se convertiría en la razón de sus fotografías. Pero, además, en una reciente biografía se hacía alusión que mantuvo relaciones sexuales con su hermano, el poeta Howard Nemerov, desde muy pequeños hasta casi el final de sus días. El 26 de julio de 1971 se suicidó con barbitúricos y cortándose las venas, tras sufrir grandes episodios depresivos, como su madre.

Se casó con Allan Arbus, de quien adoptó su apellido, a los 18 años tras 4 de relación. Fue él quien le introdujo en el mundo de la fotografía y, como matrimonio, realizaron editoriales de moda para revistas como Vogue, Esquire o Harper’s Bazaar. Diane Arbus, durante los años 1955 y 1957 estudió fotografía con Lisette Model, quien la consideraría como su mejor alumna.

En 1959 se separaría de su marido, y diez años más tarde llegó el divorcio, ya que Allan había comenzado una relación en su recién estrenada carrera como actor. Sin embargo, años antes, Diane le había sido infiel, pero lo que más le dolía no era el engaño, si no que Allan se hubiera enamorado de otra persona.

Pero, quizás gracias a esta ruptura, Diane sacó su verdadera esencia como fotógrafa. Comenzó a frecuentar barrios conflictivos de Nueva York en busca de “personajes” para sus fotografías. Sus imágenes se caracterizaban por colocar al sujeto en el centro, iluminados con un flash directo y la frontalidad del modelo. Pasó del glamour a la subcultura urbana de los barrios marginales neoyorkinos a través del lenguaje humanista de la historia de la fotografía.

“Si solo me motivara la curiosidad, costaría decirle a alguien: ‘Quiero ir a su casa para que me hable y me cuente la historia de su vida’. La gente diría: ‘Está chiflada’. Más aún, se pondrían en guardia. Pero la cámara es una especie de licencia. Mucha gente quiere que se le preste atención, y además es una clase de atención razonable”.

Todos sus personajes están solos, mirando directamente la cámara, desafiando al espectador. Pero Arbus no quería hacer un catálogo de lo “monstruoso”, como podría haber hecho August Sander. La cámara era un instrumento de análisis y crítica que mostraba al sujeto contra la sociedad observadora. Sus imágenes querían concienciar de una problemática social que reclamaba atención, con la intención de producir en el espectador “temor y vergüenza”, humanizando aquello que se consideraba raro.

Adicta al peligro, al sexo y a las rarezas humanas, Diane Arbus no sólo paseaba en busca de sus personajes, se implicaba en sus vidas, llegando al extremo de, en algunos casos, manipular y explotar a sus personajes o, incluso, acostarse con algunos.

“Una fotografía es un secreto sobre un secreto. Cuanto más te dice, menos sabes”

Obligaba a sus personajes a que fueran conscientes de que estaban siendo fotografiados, no se reía de ellos. Al contrario. Arbus se consideraba una persona normal con una mente freak.

Enanos, nudistas, streepers, travestis y prostitutas eran los personajes de sus fotografías. En 1967 una persona escupió sobre A young man un curlers at home west 20th Street en el MoMA. Siempre hay personas que tienen dificultad para aceptar lo diferente.

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Un año después de su muerte su obra fue seleccionada para participar en l Bienal de Venecia, convirtiéndose en la primera fotógrafa estadounidense en ser seleccionada.

Su vida fue tan peculiar que se hizo una película biográfica, A Imaginary Portrait of Diane Arbus (Retrato de una obsesión, en español) protagonizada por Nicole Kidman.

 

Intentar endulzar la vida de esta fotógrafa es un error, y esconder los hechos moralmente no aceptados es no entender su obra. Personaje creado, o no, la fotografía es la manera de expresar una forma de ver el mundo. Y Diane Arbus fue una de las pionera en mostrar que hay otros mundos que no vemos.

 

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